Internet de las Cosas contribuye a mejorar la agricultura, la industria, el transporte, las oportunidades del sector retail. Y en muchos de estos ámbitos es especialista la empresa Libelium, que acaba de presentar una nueva versión de su plataforma de monitorización de la calidad del agua.

Libelium es una empresa líder en hardware para redes de sensores IoT.  Nació en el Centro Europeo de Empresas e Innovación de Aragón, CEEIARAGON, vivero de empresas innovadoras y tecnológicas, hace ahora 12 años.   Desde su nacimiento, Libelium se ha convertido en un referente en el campo del denominado Internet de las Cosas, lo que le ha llevado a alcanzar una facturación de más de 5,4 millones de euros en 2017 y a exportar el 90 % de sus productos a 120 países.

Libelium, empresa CEEIARAGON, tecnología IoT para garantizar la calidad del agua

El crecimiento de la población y el cambio climático impactan directamente en la escasez de agua a escala global, uno de los mayores retos a los que hace frente la tecnología IoT proporcionando beneficios como la reducción del 10% en el gasto o un 20% menos en fugas.

La plataforma de Libelium, empresa que está desarrollando proyectos de de IoT en gran parte del mundo, se llama Smart Water Xtreme y en esta nueva versión mejora la precisión y robustez al incluir sensores de alto rendimiento para aplicaciones como, por ejemplo, monitorización de agua potable, gestión de piscifactorías, detección de fugas químicas, control de piscinas en remoto y contaminación marina.

Entre los parámetros de calidad del agua que mide, figuran el oxígeno disuelto, pH, reducción-oxidación potencial, conductividad, salinidad, sólidos totales disueltos (Kcl), temperatura, turbidez nefelométrica, sólidos suspendidos y manto de lodo. También se han incorporado nuevas sondas de iones para la detección de amonio, nitratos, cloruro, sodio y calcio.

Por primera vez, según explica David Gascón, cofundador y CTO de Libelium, incorpora sensores capaces de detectar la presencia orgánica y bioquímica, que trabajan con protocolos digitales RD-485 y SDI-12, pueden sumergirse en entornos acuáticos y permiten que la longitud de las sondas alcance los 50 metros. Por tanto, pueden estudiar el agua en columna, un concepto ampliamente usado en oceanografía para describir las características físicas y químicas del agua de mar a diferentes profundidades.

Además, la firma subraya que cada sensor incluye un informe que prueba su calibración y su eficacia. Se incluye un sensor de temperatura adicional en cada sensor para obtener una mejor precisión del parámetro específico.

Algunos de los sensores de la nueva plataforma son especialmente resistentes y necesitan menos mantenimiento, como el sensor de conductividad inductiva (CTZN), cuyas mediciones no se ven afectadas por el efecto de acumulación de materia orgánica en la superficie de los mismos.